martes, 16 de junio de 2015

FE: UN RECURSO DIVINO PARA VIVIR CON ESPERANZA

       Vivir por vivir, es morir cada día. Quien se dirige por la vida sin tener esperanza, prontamente claudicará. La esperanza es un recurso divino en la persona de Jesucristo,que nos hace vivir con optimismo cualquiera sea el futuro,  por tal razón el apóstol Pablo expresa, "es pues Cristo en vosotros la Esperanza de gloria" (Col.1:27)

       Partiendo de esa premisa, requerimos de ejercitar fe. Fe es traer al presente lo futuro, "creer es el fundamento de a realidad y la base de la esperanza, ya que la fe "es la sustancia de las cosas" (Heb. 11:1), de las cosas que se esperan y de las que no se ven.  La fe, constituye los cimientos sobre la cual se asienta nuestra relación con la realidad.
   Considerando la importancia fundamental que tiene la fe en nuestra vida, es valioso concentrarse en su comprensión, ¿Como se construye el vinculo de la fe? ¿Que formas adopta a lo largo del ciclo vital? ¿Cuales son las modalidades en que se presenta?.

LA FE COMO CONFIANZA EN LOS DEMÁS Y EN SI MISMO

       La plataforma inicial es la confianza, Erikson (1959; 1971) al tratar las etapas del desarrollo humano, postulo a la confianza como el momento inicial. Es cuando se tiene la experiencia de la satisfacción y  bienestar, a partir de ello un niño construirá con la realidad que lo envuelve, un vinculo de familiaridad, de convicción intima, de profunda confianza.  Por el contrario, si el niño es tratado con indiferencia, abandonado o castigado, se quiebra el vínculo con el entorno. Entonces surge un sentimiento de desconfianza, que tiñe de temor, dudas y sospechas todas las relaciones posteriores.

       Este primer sentido de la palabra fe tiene su raíz hebrea en el término "man" que significa:  "ser firme, verdad, fidelidad". De esta raíz deriva el término "amén", que quiere decir que una cosa es firme, fiable, que se puede estar y construir sobre la misma para vivir con ella. Diciendo amen, el oyente  ratifica el deseo de que Dios intervenga, la noción que se deriva de aquí se refiere a "una confianza incondicional" en relación con otros.  "Rotter (1967), afirma que la necesidad de confiar en los demás es fundamental para la supervivencia del individuo. 

       Es confianza en si mismo y en los demás, fidelidad en el cumplimiento del deber . Carecer de esta fe, es carecer de continua incertidumbre, miedo y sospecha. La vida sin este recurso es imposible, por que es la plataforma del lanzamiento de otras construcciones que alcanzan mayor vuelo.

       Podríamos decir que carecer de esta fe, es la razón por la cual no se trasciende a una fe que va mas allá de lo que nuestros ojos ven.

FE EN DIOS Y LOS VALORES SUPERIORES DE LA VIDA

Otro sentido de la fe, de nivel superior, se expresa a través de la palabra griega "pístis" (πίστις).  No se trata de un vínculo de credibilidad en lo que me rodea y de confianza en la fidelidad de la gente, sino se relaciona con Dios y los valores superiores de la vida.  
La confianza básica libera de la inseguridad, la angustia y el caos social, en tanto, la fe-pistis justifica ante Dios y ofrece la promesa de la vida eterna. Una es natural, la otra sobrenatural. Es en este último sentido que Paul Tillich decía, "el que entra en la esfera de la fe, penetra en el santuario de la vida".
Aunque, San Pablo utiliza el sustantivo pístis con diferentes sentidos, el concepto predominante es de fe religiosa, aplicado a una convicción (Rom. 14:1,2,22) que puede presentarse en diversos grados (Rom.­12:2,6), o la doctrina de la fe (Gal.1:23; 3:2,5; 1 Tim.1:19­), en un sentido objetivo (1 Tim.4:6). Sin embargo, "la inmensa mayoría de pasajes en los que el Apóstol habla de la fe en sentido religioso, se refiere a la actitud fundamental que el hombre adopta y debe adoptar con respecto a la redención en Cristo, para participar en ella" (Meinertz, 1963, 379). 
En otros términos, esta fe corresponde a una inclinación de la voluntad en favor de Dios, la decisión de entrega y compromiso, de adhesión incondicional a Cristo, a través de la cual se recibe la gracia del perdón de los pecados y la justificación que imputa los méritos de Cristo a la vida del creyente, concediendo la paz del alma y la posibilidad de acceder a la vida eterna (Ro­m.5:1,2).
Esa determinación de la fe de ponerse del lado de Dios, cueste lo que costare, de, sostenerse en el Todopoderoso sin la garantía de la razón y quizás contra todas las razones, pudo ser explicada por San Pablo porque la vivió dramáticamente en su propia experiencia personal.  El había sido educado en Jerusa­lén, "en la exacta observancia de la ley" (Hech.­22:3), "vivido como fariseo, conforme a la secta más estricta" (Hech. 26:5), constituyéndose en uno de los más conspicuos representantes de la mentalidad israelita. En esa creencia obsesiva y fanática, se opuso al cristianismo naciente, convirtiéndose en el principal perseguidor del mismo. Con ese propósito, fue comisionado a ir a la ciudad de Damasco para atrapar a los cristianos que habían huido, pero en el camino se produjo el encuentro con Dios que lo llevó a realizar la decisión trascendente de  la fe que cambió su vida e historia.


            

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