TEGNOLOGIA
Y CONFLICTOS FAMILIARES
Por:José Inés López López.
Mtr. en Relaciones Familiares
Vivimos
en pleno siglo XXI y estamos totalmente inmersos en la llamada sociedad de la
información. La tecnología actual forman
parte de nuestro diario vivir, nos acompañan desde temprana edad, el Internet se ha insertado completamente en
nuestra vida social, laboral, intelectual y familiar, a través de la multitud
de servicios que nos ofrece: ya sea para realizar algún pago en el banco, buscar una dirección,
hacer alguna tarea o buscar y comunicarnos
con la familia.
La
sociedad en la que vivimos es cada vez más compleja y, con ella, la educación
familiar se ha complicado en la misma medida. No obstante, pensar que nuestros
hijos pueden vivir en una burbuja aislada de influencias ajenas a la familia,
está muy alejado de la realidad, como creer que los padres no tienen nada que hacer
en su educación.
Es precisamente entre esos dos extremos donde
debemos situarnos para ser más eficaces, siendo conscientes de que: Se comparte
la educación de los hijos con nuevos agentes tecnológicos. Si en los primeros
años la influencia de la familia es prácticamente absoluta, poco a poco van
incorporándose otros espacios y otras instituciones: la escuela, las amistades,
los medios de comunicación, etc. Y que cuanto más influenciados sean
externamente, más sentido cobra la labor educativa de la familia. Ante esta
situación, es necesario que la familia ocupe una posición socializadora,
mediando entre los diferentes espacios de influencia externa y los hijos.
Por
esta razón, nos damos a la tarea de contribuir en una pequeña medida sobre que hacer frente esta realidad: el
impacto que tienen las redes sociales en la comunicación familiar.
LA FUNCIÓN DEL
HOGAR
Se ha
considerado al hogar como base y desarrollo de la sociedad, donde se expresa y
enseña el amor, la paz y la educación.
Este debe ofrecer primeramente un
ambiente seguro y estable a sus miembros, donde se alimentan, se visten y tienen un refugio. También
se deben enseñar normas de conducta en
relación con los demás y como último objetivo, lograr que toda la familia se
sienta querida y libre, todo esto se
logra cuando existe una buena comunicación.
Es en el
hogar donde las redes sociales están generando
un gran impacto, modificando hábitos y costumbres de los miembros que componen
la unidad familiar. Podemos decir con
certeza que estamos en una crisis de la familia nuclear tradicional,
crisis de autoridad paternal y de redefinición
de roles familiares.
LAS VENTAJAS Y
CONFLICTOS
Con el
propósito de preparar a los hijos para el futuro, los padres agregan estos equipos y servicios a sus hogares, para
ellos es una necesidad, el uso de la computadora e Internet, forma parte de
la formación de los niños y jóvenes; es decir se constituye en una herramienta.
Por un
lado se puede decir que son necesarias considerando que la sociedad es cada vez
más informatizada y global, porque
se consiguen ventajas competitivas hacia
su futuro profesional y para una integración total en la sociedad de la
información. Por otro lado el acceso y manejo de Internet y las redes sociales es percibido como una
necesidad, o una exigencia, por las obligaciones escolares: la tecnología facilitan
el acceso a una información amplia y actualizada, útil para la realización de
trabajos escolares, y favorecen una buena presentación de los trabajos. De este modo, Internet es apreciado como un
instrumento más que forma parte del proceso educativo.
El uso excesivo de la tecnología actual
choca con las demandas de las cabezas de
familia, de mantener la familia unida. Los padres luchan con sus hijos por el
tiempo perdido en las redes y la poca interacción personal, algunas mujeres
reprochan a sus esposos un cierto abuso del Internet que afecta negativamente a
la interacción entre la pareja. Las
esposas se sienten sustituidas y
superadas, porque el tiempo y la dedicación que se debe la pareja están
siendo absorbidos por la adicción a las redes sociales. Un uso excesivo de
Internet disminuye la interacción familiar, un descenso en la comunicación
familiar y un aislamiento de los miembros de la familia
Actualmente
se ha sustituido la conversación cara a
cara por la del teléfono móvil y la conversación
a través de la Web. Los conflictos que puede generar entre padres e hijos se
centran especialmente en el tiempo dedicado y en particular, por la influencia
sobre el rendimiento escolar y el aislamiento que se da entre los miembros de
la familia y la falta de comunicación.
LO QUE PODEMOS
HACER DESDE LA FAMILIA.
Lo anterior expuesto nos muestra que genera una
situación conflictiva entre padres e hijos, por lo que es necesario imponer normas
al respecto, es necesario regular el uso.
Es responsabilidad de los padres
supervisarlos, generar disciplina y así mismo ellos respetar los límites
impuestos para que la norma sea congruente. Esto ayudara a los padres a quitar
tensión y dar lugar a la comunicación, en la sala, el comedor o la recamara. La
pauta recomendada a seguir es:
1.
Conocer.
Es necesario conocer y entender
las nuevas tecnologías de la comunicación que se consumen actualmente.
Es imprescindible si realmente queremos educarlos en un uso responsable y
protegerles de riesgos.
Esta labor se complica en la adolescencia. En este
periodo es natural que tiendan a buscar sus propios espacios, su propia
identidad, por eso suelen rechazar las reglas familiares en pro de las que
consideran propias. Se debe
entender y respetarlo, sin renunciar a
establecer ciertas normas que regulen su uso. Para ello, es básico que nos esforcemos en conocer
cuáles son esas preferencias que consideran propias, qué buscan en ellas, qué
encuentran, cómo funcionan, etc.
Asimismo, es positivo que les mostremos
que estamos al día, así ellos sabrán que nos interesamos en su mundo.
Probablemente no lo consideren como algo positivo, pero lo tomaran quizá como una
muestra de afecto y cercanía. Igualmente, les demuestra disponibilidad, por si
alguna vez tienen algún problema o dificultad.
Es
cierto que mostrar nuestros conocimientos en las tecnologías puede generar una
especie de limitación externa, que
no pueden engañar tan fácilmente, esto
hará que moderen sus hábitos en relación con el su uso.
2.
Proteger.
Se trata de aplicar normas y utilizar medios
tecnológicos que protejan a los hijos de los riesgos vinculados al uso
inadecuado de las tecnologías de la comunicación. Esta es una labor importante
y protectora, que debe comenzar en la infancia, con las siguientes medidas:
– Delimitar el número de horas.
– Delimitar
los horarios.
– Evitar que
dispongan o lo usen en su habitación, porque la supervisión se reduce.
– Delimitar la edad a la que pueden disponer de
teléfono móvil o usen las redes.
– Definir con
claridad normas respecto al tipo de programas que pueden ver o tipo de páginas que
pueden acceder.
– Poner filtros en Internet.
En la medida que los hijos van
creciendo, se debe modificar y adaptar las normas. En la adolescencia, cuando
surge con mayor fuerza la rebeldía, es importante que las normas sean razonadas
y negociadas lo más posible. Al tratar con adolescentes, no olvidar que, en
ocasiones, la insistencia en una prohibición hace incrementar el interés por
traspasar ese límite.
Es una época en la que se valoran más la
intimidad. Razón por lo cual antes de poner una
medida que la invada, debemos tener en cuenta que podría afectar negativamente
la comunicación y la relación de
confianza, delicada en este periodo.
Recordemos que la presencia, el
acompañamiento y la supervisión de los padres, es una de las mejores
estrategias de protección.
3.
Educar.
En definitiva, para que se conviertan en
personas que consumen de manera autónoma y responsable, es indispensable
proteger a los menores. La mejor manera de protegerles (especialmente en la
adolescencia) consiste en ayudarles a que aprendan el funcionamiento de estas
tecnologías, que tengan criterio para seleccionar contenidos, detectar las manipulaciones
y otros riesgos. Para ello debemos poner en marcha diversas estrategias
educativas. Por ejemplo:
– Educar a
través del propio modelo. Ser coherentes con los objetivos que queremos lograr
en nuestros hijos.
– Explicarles
el sentido de las normas que se aplican en la familia en relación con las
nuevas tecnologías. Aunque se rebelen y protesten, seguramente entenderán que
son necesarias.
– El diálogo. Cualquier espacio de diálogo con el o
la adolescente es oro, por breve que sea. Por cual es necesario crear
oportunidades y prestar atención para aprovecharlas. En relación con un
capítulo de su serie favorita, un rato de navegación por Internet o una partida
con su videojuego preferido, pueden ser momentos clave para: Conocer mejor sus
opiniones, gustos y reacciones. • Transmitir nuestras propias opiniones y
gustos. Se debe tener cuidado para expresarlas de manera respetuosa. Por otro
lado, si las opiniones que transmitimos son críticas con sus gustos, esto
afecta negativamente a la relación educativa.
• Debatir sobre el funcionamiento de las diversas tecnologías, sus
aportaciones, sus ventajas, sus inconvenientes y sus riesgos.
Es
mi deseo que estas pocas aportaciones puedan generar una mejor relación
familiar, convivencia sana y un conocimiento de ciertas estrategias a
implementar para aprovechar mejor el uso de las tecnologías actuales y al mismo
tiempo hacer un uso correcto y vivir en paz los unos con los otros.
BALARDINI, Sergio. Subjetividades Juveniles y
Tecnocultura. Impacto y transformaciones de la cultura escolar ante la
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Mtr. José Inés López López.
Relaciones
Familiares